Serranilla Vi Del Marques De Santillana Analysis Essay

Serranilla IX

  Moçuela de Bores,
allá do la Lama
púsome en amores.

    Cuydé que olvidado
amor me tenía,
como quien se había
grand tiempo dexado
de tales dolores,
que, más que la llama
queman amadores.
  Mas vila fermosa
de buen continente,
fresca como rosa,
de tales colores
qual nunca vi dama
nin otra, señores.
Por lo qual: "Señora
la vuestra beldad
saldrá desde agora
de grandes loores".
    Dixo: "Cavallero,
tiradvos a fuera;
dexad la vaquera
passar al otero;
ca dos labradore
me piden de Frama
entrambos pastores."
    "Señora, pastor
seré si queredes;
como a servidor;
mayores dulçores
será a mi la brama
que oyr ruyseñores."
    Asy concluymos
el nuestro proçesso,
e nos avenimos.
E fueron las flores
de cabe Espinama
los encobridores.


Serranilla IV

  Por todos estos pinares
nin en Navalagamella,
no vi serrana más bella
que Menga de Mançanares.
    Desçendiedol yelmo a yuso,
cóntral Bovalo tirando
en esse valle de suso,
vi serrana estar cantando;
saluéla, segund es uso,
e dixe: "Serrana, estando
oyendo, yo non me excuso
de fazer lo que mandares".
    Respondióme con ufana:
"Bien vengades, cavallero;
¿quién vos trae de mañana
por este valle señero?,
Ca por toda aquesta llana
yo non dexo andar vaquero,
nin pastora, nin serrana,
sinon Pasqual de Bustares.
    Pero ya, pues la ventura
por aquí vos ha traydo,
convién en toda figura
sin ningund otro partido,
que me dedes la çintura,
o entremos a braz partido;
ca dentro en esta espesura
vos quiero luchar dos pares".
    Desque vi que non podía,
partíme dallí sin daña,
como aquel que non sabía
de luchar arte nin maña;
con muy grand malenconía,
arméle tal guardamaña,
que cayó con su porfía
çerca de unos tomellares.
 
Dos "serranas" fragmentarias del Marqués de Santillana    (poemas colectivos, improvisados)
(Escribió 8 serranillas mas estos dos fragmentos.)

I. Cancionero de Palacio, Núms. 28-30:
(Iniciado -con estribillo y 1a estrofa por Rodrigo Manrique, Comendador de Segura:)

    De Lozoya a Navafría,
açerca de un colmenar
topé serrana que amar
todo hombre cobdiçia havría.
    A la qual desque llegué,
pregunté si era casada.
Respondió: "No, en buena fe,
nin tanpoco desposada;
que aun hoy en este día
mi padre lo va fablar
aquí çerca a un lugar
con fixo de Iohan García".

(Continuado por el Marqués de Santillana: [el # 7 suyo])



    Serrana, tal casamiento
non consiento que fagades,
car de vuestro perdimiento,
maguer no me conoçcades,
muy grant desplazer havría,
en vos ver enaxenar
en poder de quien mirar
nin tratar non vos sabría.

(Terminado con una última estrofa de García de Pedraza, aconsejando a la bella no prestar oídos a lo dicho por los dos ya que él le buscará casamiento más seguro con otro pastor, hijo de Mingo Oveja.)

II. Cancionero de Palacio, núms 220-221:
(Principio del Marqués de Santillana - [# 8 suyo] en forma de la tensó trovaresca, pidiendo réplica contradictoria:)

    Madrugando en Robredillo
por ir buscar un venado,
fallé luego al colladillo
caça de que fui pagado.
    Al pie d'essa gran montanya,
la que dizen de Cerçossa,
vi guardar muy grant cabanya
de vacas moça fermosa;
si voluntat no m'enganya,
no vi otra más graçiosa:
si alguna d'esto s'ensanya
lóela su namorado.


(Y responde Gómez Carrillo de Acuña:)

    Senyor, yo me maravillo,
siendo vos galán onrrado,
este fecho tan poquillo
aver vos tan agradado.
    La que mi sentido apanya,
esto no tomés por glosa,
que no bive'n toda Espanya
senyora más generossa
y fermosa, cosa stranya:
si alguna d'esto s'ensanya,
lóela su namorado.


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Serranilla VII del marqués de Santillana

Poema comentado por Paz Díez Taboada


Serranilla VII

 

Moza tan fermosa
non vi en la frontera,
com’una vaquera
de la Finojosa. Faciendo la vía
del Calatraveño
a Santa María,
vencido del sueño,
por tierra fraguosa
perdí la carrera,
do vi la vaquera
de la Finojosa.En un verde prado
de rosas e flores,
guardando ganado
con otros pastores,
la vi tan graciosa,
que apenas creyera
que fuese vaquera
de la Finojosa.

Non creo las rosas
de la primavera
sean tan fermosas
nin de tal manera;
fablando sin glosa,
si antes supiera
de aquella vaquera
de la Finojosa;

non tanto mirara
su mucha beldad,
porque me dejara
en mi libertad.
Mas dije: «Donosa
-por saber quién era-,
¿dónde es la vaquera
de la Finojosa?»

Bien como riendo,
dijo: «Bien vengades,
que ya bien entiendo
lo que demandades;
non es deseosa
de amar, nin lo espera,
aquesa vaquera
de la Finojosa».

 


Las canciones de serrana españolas hunden sus raíces en la antigua tradición de la lírica popular castellana. Eran unos cantares muy breves puestos en boca de un esforzado caminante que expresaba su esperanza de que, en la montaña, habría de encontrarse con una bella muchacha que le ayudara a pasar la sierra, si no es que, además, le otorgara otros favores. Así, por ejemplo, las que dicen: “Encima del puerto / vide una serrana; / sin duda es galana” o “¿Por dó pasaré la sierra, / gentil serrana morena?”. Dada la frecuencia de dichas canciones, el supuesto Arcipreste de Hita, con afán desmitificador, hiperrealista y paródico, presenta, en las cuatro cantigas de serrana del Libro de Buen Amor (1330-1343), otros tantos encuentros con cuatro mozas, a cual más montaraz y bravía, alguna acuciada por torpes deseos y todas ávidas de dineros.

Sin embargo, en el siglo siguiente y en las estilizadas serranillas de Santillana, se cambian las tornas. El narrador no es ya un pobre pastor o un rústico, ni tampoco un clérigo ajuglarado, sino un caballero que cuenta, como si lo hiciera a otros nobles amigos, que, en el camino de la sierra, encontró a una pastora a la que requirió de amores; y si unas veces la consiguió, otras fue rechazado por ella. Los ritmos y situaciones, tomados de la lírica popular, se alían con los influjos de la pastourelle provenzal y, sobre todo, de la pastorella italiana. La acción está más desarrollada y hay mayor importancia del diálogo; también exquisitas e irónicas actitudes de cortesía y refinados matices eróticos que la pluma de don Íñigo supo expresar con mesura y gracia, como señalaron los profesores Lapesa y Durán.

En efecto, la idealización bucólica, más el ritmo ágil y la frescura de los versos, son notas distintivas de esta célebre “Serranilla VII” (1436-1439; la VI, hasta la fijación cronológica y textual de los profesores Gómez Moreno y Kerkhof). Todo en el poema es encantador: las referencias a sí mismo, cansado de tanto cabalgar y perdido en el camino, el hábil bosquejo del lugar del encuentro -verdadero “locus amœnus”- y el ponderado elogio de la belleza de la muchacha, “fablando sin glosa”, o sea, sin circunloquios ni exageraciones.

A diferencia de lo que ocurre con las otras serranillas del Marqués, ha resultado imposible fijar con exactitud la ubicación del encuentro, no obstante las referencias geográficas que, con afán de verosimilitud, da Santillana en ésta como en todas. La “frontera” podría ser la andaluza, entre tierras cristianas y moras, o la entonces existente entre Castilla y Aragón; “la vía del Calatraveño”, la de dicho puerto de Sierra Morena, la del camino de Calatrava, en la actual provincia de Ciudad Real, o alguna otra por los territorios de esta poderosa Orden Militar de Caballería; y, en cuanto a Santa María e Hinojosa, eran y son topónimos frecuentes en España.

El diálogo final es una auténtica delicia. Frente a la pregunta desviada del caballero, como si se refiriera a otra moza, y que, según comenta como de pasada, la realiza “por saber quién era” -lo que equivale a decir de qué condición-, la rápida respuesta de la vaquera, que elude, con firmeza e ironía, la indirecta proposición amorosa del señor.

El final es incierto, pero puede suponerse que el noble caballero se retira sin insistir más y, en cambio, prevalece su asombro por haber encontrado, en un lugar agreste y “cuidando ganado / con otros pastores”, la sorprendente gracia y belleza de “aquella vaquera de la Finojosa”.

FIN


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